En este artículo
- Las vacaciones no rompen parejas: bajan la marea
- ¿De verdad hay más rupturas después del verano?
- Lo que discutís y lo que en realidad estáis discutiendo
- La conversación de septiembre: cómo hacerla sin que acabe en bronca
- Cuando la crisis de pareja ya no se arregla hablando
- Qué pasa cuando venís a terapia de pareja en Psiclic
- Preguntas frecuentes
La maleta lleva tres días a medio deshacer en el pasillo. Hace dos semanas cenabais sin mirar el reloj y os reíais de cualquier cosa. Hoy discutís por quién recoge a los niños, por el móvil en la mesa o por un tono que a ninguno le gustó. Y entre medias aparece una pregunta incómoda: ¿estamos en crisis de pareja o es solo la vuelta?
Septiembre tiene mala fama en las relaciones, y algo de razón hay. Pero no por lo que se suele contar. Vamos a ver qué pasa de verdad en una pareja al volver de vacaciones, qué dicen los datos sobre las rupturas y cómo tener la conversación que toca sin que acabe en bronca.
Las vacaciones no rompen parejas: bajan la marea
Cuando la marea baja en San Lorenzo aparecen las rocas. No las ha puesto el mar esa mañana: estaban ahí, tapadas por el agua. Con la pareja y el verano pasa algo parecido.
Durante el año, el trabajo, los horarios y las mil tareas hacen de agua. Os mantienen ocupados y, de paso, tapan lo que no funciona. En vacaciones esa marea baja de golpe. Pasáis veinticuatro horas juntos, sin rutina que os ordene, a menudo con la familia de uno de los dos y con la expectativa de que todo sea perfecto porque «son las vacaciones». Lo que estaba debajo queda a la vista.
Y luego llega la vuelta, que no es una sola cosa, sino muchas a la vez:
- El cambio de ritmo. En una semana pasáis del chiringuito al grupo de WhatsApp del colegio, y el humor de los dos lo nota.
- La carga mental reaparece. Libros, uniformes, extraescolares, citas médicas. Si uno la lleva casi entera, el agravio vuelve con fuerza.
- Las cuentas de agosto. El dinero es de los temas que más tensan una pareja, y septiembre es cuando llega la factura del verano.
- La comparación. Habéis visto cómo podríais estar. Volver a la versión cansada de los dos duele más después de haber visto la otra.
Nada de esto significa que la relación esté rota. Significa que ahora veis con claridad algo que antes quedaba tapado. Eso, bien aprovechado, es una oportunidad.
¿De verdad hay más rupturas después del verano?
Cada septiembre se repite el titular de que «después del verano se disparan los divorcios». Los datos del Consejo General del Poder Judicial cuentan algo más matizado.
En 2025, los juzgados recibieron 16.444 demandas de separación y divorcio entre julio y septiembre, el trimestre más bajo del año. En parte es porque agosto es inhábil en los juzgados. Entre octubre y diciembre hubo unas 22.400, un 36 % más. Es la cifra que sale de restar los tres primeros trimestres al total anual de 84.424. Pero el trimestre con más demandas fue otro: entre enero y marzo, con 24.241, justo después de Navidad.
¿Qué nos dice esto? Que los periodos de mucha convivencia, como el verano y la Navidad, no crean las rupturas, sino que las aceleran. Y que entre darse cuenta de que algo va mal y dar el paso suelen pasar semanas o meses. Por eso el momento de actuar no es cuando ya hay abogados de por medio, sino ahora, cuando lo que asoma todavía es una roca y no un naufragio.
Lo que discutís y lo que en realidad estáis discutiendo
Casi nunca se discute por lo que parece. La pelea por el lavavajillas casi nunca va del lavavajillas. Si os fijáis, muchas broncas de septiembre tienen debajo una frase que no se ha dicho:
- «¿Por qué siempre me toca a mí organizar la vuelta al cole?» suele querer decir «me siento sola o solo en esto».
- «Estás todo el día con el móvil» suele querer decir «echo de menos que me mires como en agosto».
- «Otra vez comida con tu familia» suele querer decir «necesito sentir que somos un equipo antes que dos familias».
- «Nos hemos pasado con el gasto del verano» suele querer decir «a mí me da seguridad ahorrar y a ti te da vida disfrutar».
Hay un dato que alivia mucho. Según las investigaciones del equipo de John Gottman, que lleva décadas estudiando parejas, el 69 % de los conflictos de pareja son «perpetuos»: nacen de diferencias de carácter y no se resuelven del todo nunca. Las parejas que funcionan no son las que no discuten. Son las que aprenden a hablar de esas diferencias sin herirse.
El objetivo no es dejar de discutir. Es que, después de discutir, los dos sigáis sintiendo que estáis en el mismo lado.
La conversación de septiembre: cómo hacerla sin que acabe en bronca
Si notáis que la vuelta os ha separado, merece la pena sentarse a hablarlo a propósito, no en mitad de una discusión. Esto es lo que suele funcionar:
- Elegid el momento. Ni el domingo por la noche ni cuando acabáis de llegar del trabajo. Mejor un paseo por el Muro un sábado por la mañana, sin niños y sin prisa. Caminar uno al lado del otro facilita mucho decir cosas difíciles.
- Empezad por lo que funcionó en vacaciones. ¿Qué hacíais allí que os sentaba bien? ¿Cenar sin pantallas, dormir más, reíros? Es mucho más fácil construir sobre algo que ya habéis vivido que sobre una lista de quejas.
- Habla de ti, no de su carácter. «Me agobio cuando llego y está todo por hacer» abre la conversación. «Nunca haces nada» la cierra en tres segundos.
- Un tema por conversación. Si en la misma charla salen los suegros, el dinero y el reparto de tareas, no se resuelve ninguno.
- Cerrad con algo pequeño y concreto. «Los martes cenamos los dos solos» o «la lista de la vuelta al cole la repartimos hoy». Y quedad en revisarlo dentro de dos semanas.
Cuando la crisis de pareja ya no se arregla hablando
A veces la conversación de septiembre funciona y el otoño se endereza. Otras veces lo intentáis y acabáis en el mismo sitio de siempre. Conviene buscar ayuda de fuera cuando la misma discusión se repite casi con las mismas palabras, cuando empiezan a aparecer la ironía, el desprecio o los silencios de días, o cuando uno de los dos ya habla de la relación en pasado.
También cuando dormís separados sin haberlo decidido, cuando los niños ya notan la tensión o cuando os descubrís llevando la cuenta de lo que hace el otro.
No hace falta llegar al «o vamos a terapia o lo dejamos». De hecho, cuanto antes se pide ayuda, más margen hay para cambiar las cosas. Según el propio Gottman, las parejas tardan de media unos seis años en dar ese paso, y llegan cuando el desgaste ya es grande.
Qué pasa cuando venís a terapia de pareja en Psiclic
La primera sesión suele ser conjunta. Nos contáis qué os trae, cómo es vuestra historia y qué os gustaría que cambiara, y os explicamos cómo vamos a trabajar. La psicóloga no se pone de parte de nadie: en terapia de pareja, la paciente es la relación, no uno de los dos.
A partir de ahí trabajamos sobre lo que os está separando: cómo discutís, qué hay debajo de esas peleas, cómo os repartís la carga y qué necesita cada uno para volver a sentirse en equipo. A veces la terapia sirve para reconstruir. Otras, para tomar una decisión con claridad y separarse con respeto. Las dos salidas son válidas si las elegís de verdad.
Podéis venir a la consulta de la calle Cabrales, en el centro de Gijón, o conectaros por videollamada si los horarios no os cuadran. Tenéis toda la información en terapia de pareja en Gijón, y si queréis consultarnos algo antes, podéis escribirnos.
Una excepción importante: si en tu relación hay miedo, amenazas, control o violencia, la terapia de pareja no es el recurso adecuado. Lo primero es tu seguridad. El 016 atiende las 24 horas, es gratuito y no deja rastro en la factura del teléfono.
Preguntas frecuentes
¿Es normal discutir más al volver de vacaciones?
Sí, y mucho. El cambio brusco de ritmo, el cansancio y la vuelta de las obligaciones pasan factura a cualquier pareja. Lo que conviene vigilar no es que discutáis, sino si las discusiones se resuelven o se acumulan.
¿Debería tomar una decisión importante en septiembre?
Mejor no en caliente. Date unas semanas para que la rutina se asiente y mira si lo que sientes se mantiene cuando el cansancio de la vuelta ha pasado. Si la duda sigue ahí, es una buena señal para hablarlo con calma, en pareja o con ayuda profesional.
¿Y si las vacaciones ya fueron un desastre?
Es más frecuente de lo que se cuenta, y también da información útil. Unas vacaciones malas suelen señalar justo dónde está el problema: en el reparto, en la familia extensa, en el tiempo a solas o en la falta de él. Eso es material de trabajo, no una sentencia.
¿Puedo ir yo sola o solo si mi pareja no quiere?
Sí. Trabajar la relación desde la terapia individual también cambia cosas, porque cuando una de las dos personas cambia su forma de estar, la dinámica entera se mueve.


