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Psicología perinatal

Matrescencia: por qué no te reconoces desde que eres madre

Quieres a tu bebé con locura y, a la vez, echas de menos a alguien: a ti. Eso tiene nombre, matrescencia, y entenderlo quita mucha culpa

matrescencia
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En este artículo
  1. Una palabra que llegó tarde
  2. Tu cerebro también se está mudando
  3. Dónde se nota la matrescencia
  4. Matrescencia o depresión posparto: dónde está la línea
  5. Lo que ayuda de verdad (y no es «disfrútalo, que pasa volando»)
  6. Si sientes que te has perdido por el camino
  7. Preguntas frecuentes
  8. Una última cosa

Abres el armario y la ropa de antes parece de otra persona. Lees el grupo del trabajo y te suena a un idioma que hablabas hace mucho. Quieres a tu bebé con una fuerza que no sabías que existía y, al mismo tiempo, echas de menos a alguien. A ti. Eso que estás viviendo tiene nombre: matrescencia.

No es un trastorno ni una moda de Instagram. Es la transformación que vive una mujer al convertirse en madre, tan profunda como la adolescencia y casi igual de desconcertante. Te contamos qué se mueve por dentro, dónde se nota, cómo distinguirla de una depresión posparto y qué ayuda de verdad a atravesarla.

Una palabra que llegó tarde

La antropóloga Dana Raphael acuñó el término en los años setenta, juntando maternidad y adolescencia. La idea era sencilla y muy potente: igual que nadie espera que una chica de catorce años tenga claro quién es, tampoco tiene sentido esperar que una madre reciente se sienta ella misma a las seis semanas.

La palabra se quedó olvidada durante décadas hasta que la psicóloga Aurélie Athan, de la Universidad de Columbia, la rescató. En un artículo de 2024 en Frontiers in Psychiatry la describe como una transición del desarrollo que toca el cuerpo, la mente, las relaciones, el trabajo y hasta el sentido de la vida, y que no tiene una fecha de final.

Y aquí está lo importante: la matrescencia es normal. Que te sientas desplazada de ti misma no significa que algo esté fallando. Significa que estás cambiando de piel.

Tu cerebro también se está mudando

Durante años se habló del «cerebro de mamá» como si fuera una pérdida. La ciencia cuenta otra cosa. Un estudio liderado desde el Hospital Gregorio Marañón y la Universitat Autònoma de Barcelona, publicado en Nature Neuroscience, siguió a 25 mujeres en su primer embarazo con resonancias antes y después del parto.

Encontraron una reducción de materia gris en zonas que usamos para entender lo que sienten y necesitan los demás, algunas de las cuales se activan al ver la cara del propio bebé. Esos cambios seguían ahí al menos dos años después y predecían el vínculo con el bebé. Los autores lo comparan con la «poda» de la adolescencia: el cerebro se especializa. Y no encontraron peor memoria ni otros déficits.

Dicho de otra forma: no te has vuelto torpe. Tu cerebro está reorganizando prioridades, y eso, mientras ocurre, se nota.

Dónde se nota la matrescencia

No se vive igual en todas las mujeres, pero casi siempre remueve estos cinco terrenos a la vez.

Tu nombre

Pasas a ser «la mamá de». En la pediatra, en el parque, en el grupo de WhatsApp de la guardería. Es precioso y, a ratos, también borra un poco a la persona que había antes.

Tu cuerpo

Ha hecho algo enorme y no siempre lo reconoces. Además, ya no es del todo tuyo: lo usa alguien para comer, para dormir, para calmarse. Echar de menos tener un cuerpo solo para ti no te convierte en peor madre.

Tu pareja

Pasáis de ser dos a ser un equipo de logística con poco sueño. Aparece la cuenta silenciosa de quién se levanta, quién recuerda la vacuna o quién sabe cuántos pañales quedan. Esa carga invisible desgasta más que las tareas en sí.

Tu tiempo y tu trabajo

Lo que antes te definía queda en pausa o cambia de lugar. Volver a trabajar puede sentirse como una liberación, como una traición o como las dos cosas el mismo lunes.

Tu propia madre

Este es el que menos se espera. Criar te devuelve a tu propia infancia: lo que te dieron, lo que te faltó, lo que te juraste no repetir. Muchas mujeres descubren que mirar a su bebé también es mirar hacia atrás.

Puedes adorar a tu bebé y echar de menos tu vida de antes. Las dos cosas son verdad a la vez, y ninguna anula a la otra.

Matrescencia o depresión posparto: dónde está la línea

Ponerle nombre a la matrescencia tiene un riesgo: usarla para tapar algo que necesita tratamiento. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 13 % de las mujeres que acaban de dar a luz tiene un trastorno mental, sobre todo depresión. No es raro, y se trata.

Tampoco hay que confundirla con la tristeza de los primeros días, el famoso baby blues: llanto fácil y bajón que, según el Manual MSD, suele durar de dos a tres días y como mucho dos semanas.

Suele ser matrescencia si…

  • te sientes extraña contigo, pero sigues disfrutando de momentos con tu bebé y con tu gente;
  • hay días buenos y días malos, no un gris continuo;
  • echas de menos tu vida de antes, pero te imaginas un futuro con ganas;
  • cuando descansas un poco, vuelves a sentirte más tú.

Conviene consultar si…

  • la tristeza, el vacío o la irritabilidad duran más de dos semanas casi a diario;
  • no consigues dormir ni cuando el bebé duerme;
  • la culpa no te suelta, o sientes que tu bebé estaría mejor sin ti;
  • la preocupación por que le pase algo te ocupa el día entero;
  • has dejado de disfrutar de casi todo.

No esperes

Ve a urgencias o llama al 112 si notas confusión, oyes o ves cosas que otros no perciben, pasas días casi sin dormir y con una energía que no es normal, o tienes pensamientos de hacer daño al bebé que no te provocan rechazo.

Si piensas en hacerte daño, llama al 024: es la línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. Y si te asaltan imágenes de que le pasa algo malo al bebé que te horrorizan, cuéntaselo a tu matrona o a una profesional: son mucho más frecuentes de lo que se dice y tienen tratamiento.

Lo que ayuda de verdad (y no es «disfrútalo, que pasa volando»)

  1. Ponle nombre. Saber que esto es una transición, y no un fallo tuyo, quita mucha culpa. A veces basta con decirlo en voz alta: «estoy en plena matrescencia».
  2. Date permiso para el duelo. Escribe lo que echas de menos de tu vida anterior. Al lado, apunta qué versión pequeña puedes recuperar ya: no la tarde de cine, pero sí veinte minutos de lectura con el bebé dormido.
  3. Reparte la carga mental, no solo las tareas. No es lo mismo que tu pareja bañe al bebé que que se acuerde de que toca bañarlo. Hacedla visible: una lista en la nevera ayuda más que diez discusiones.
  4. Guarda algo que sea solo tuyo. Una cosa a la semana que no tenga que ver con cuidar ni con producir. Un baño en San Lorenzo en verano, un café sola, una clase. Es mantenimiento, no capricho.
  5. Rodéate de madres de carne y hueso. Las de las redes sociales duermen ocho horas en cada foto. Pregunta a tu matrona por los grupos de posparto del centro de salud: escuchar a otras madres en tu misma etapa normaliza muchísimo.

Si sientes que te has perdido por el camino

La matrescencia no necesita terapia por definición. Pero hay momentos en que hablarlo con alguien de fuera cambia mucho las cosas. Pasa cuando la culpa pesa más que el cansancio, cuando la relación de pareja se ha vuelto un intercambio de reproches o cuando la maternidad ha despertado heridas antiguas con tu propia familia.

En Psiclic acompañamos esta etapa desde el embarazo hasta los primeros años de crianza. Puedes venir a la consulta de la calle Cabrales, en el centro de Gijón, con tu bebé si lo necesitas, o hacerlo por videollamada desde casa. No hace falta que traigas nada preparado ni que sepas explicar lo que te pasa. Tienes más información en psicología perinatal en Gijón.

Si lo que más se ha resentido es la pareja, la terapia de pareja puede ser el mejor punto de partida. Y si prefieres empezar por la sanidad pública, tu matrona y tu médica de familia son la primera puerta. Si te viene mejor, también puedes escribirnos y te orientamos sin compromiso.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura la matrescencia?

No tiene fecha de caducidad. Los primeros meses suelen ser los más intensos, y los cambios en el cerebro se mantienen al menos dos años. Con el tiempo, lo que era desconcierto se va convirtiendo en una identidad nueva que integra a la mujer que eras y a la madre que eres.

¿Les pasa también a los padres?

Viven su propia transición, que algunos autores llaman patrescencia, aunque sin los cambios del embarazo. También pueden pasarlo mal: en los padres el malestar suele asomar como irritabilidad, aislamiento o refugio en el trabajo.

¿Con el segundo hijo vuelve a pasar?

Puede volver, aunque suele ser distinta. Ya sabes ser madre, pero no de dos, y cada hijo reorganiza otra vez el tiempo, la pareja y el lugar que ocupas tú.

¿Es normal sentirme sola rodeada de gente?

Muy normal. Todo el mundo pregunta por el bebé y casi nadie por ti. Decirlo, aunque sea a una sola persona, suele ser el primer alivio.

Una última cosa

La adolescencia no se arregla: se atraviesa, y al otro lado hay una persona más entera. Con la matrescencia pasa algo parecido. No vas a volver a ser la de antes, y no hace falta. Vas a ser alguien que contiene a la de antes y a mucho más. Mientras tanto, mereces el mismo cuidado que das.

Sobre la autora

Iris Gómez

Psicóloga General Sanitaria · Dirección clínica · Colegiada n.º 0-03194

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